Me cuesta aceptar que ya no estás más, que no puedo mirarte a los ojos, que no te puedo tocar, que no te puedo abrazar, aunque debo confesar que muy a menudo no lo hacía.
La enfermedad con la que cargabas, te fue alentando el paso, ella se fue burlando de tí. Sin embargo, no te entregaste tan facil abuelo. Yo creo que luchaste por seguir.
Se que tu alma se sentía presa en tu cuerpo, porque el cuerpo es el que envejece, el alma no. Si tu alma quería correr, tu cuerpo no la dejaba. Y era logico, los años pasaron notablemente y ya no tenías el mismo que desde hace años atrás. Y ahora, que tu alma es libre, puede hacer lo que quiera, saltar, correr...
Jamás en el resto de mi vida voy a olvidar todas las cosas que me enseñaste, desde picar la pelota, hasta que tan solo una mirada, una sola y delicada mirada, dice mucho más que miles de palabras.
Tampoco voy a poder olvidar tu mirada, en éstos ultimos años, la notaba muy cansada de tanto andar. Cada marca que tenías en tu cara, cada arruga, me contaba una historia nueva, me afirmaba el correr del tiempo. Cada gesto me enseñaba algo nuevo.
Te llevo dentro de mi corazón viejito querido.
Todos los días vas conmigo a todos lados. Te siento cerca.
No hay comentarios:
Publicar un comentario